Estas escenas picotean de muchas montañas y de muchos momentos de mi trayectoria montañera, sea lo que signifique esto de la trayectoria montañera. Por lo tanto, las escenas son variadas y las temáticas diferentes el título de cada una de ellas expresa el tema que aborda. Pero hay una idea que las atraviesa a todas, que las engarza y las vincula, que las confiere unidad, como las cuentas de un collar. Esa idea es una convicción, es una determinada actitud ética y estética ante la montaña, un modo de estar en ella. No es una fe, es una constatación. La montaña se alza fuera de mí, no siente, ni siquiera me ignora. Es real. «Real cada una de sus piedras, cada arroyo que desciende por sus laderas, cada árbol de sus bosques, cada cabaña. Real es el frío, la lluvia, el calor, la sed, el hambre, el viento…».
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