Contar con los dedos
Sinopsis
Primera parte
La Ciudadela, trasunto de muchos poblados latinoamericanos devastados por la violencia, comienza a ser demolida sin previo aviso. Sus habitantes resisten como pueden o se van mudando de un edificio a otro a la espera de que las máquinas se apiaden. Allí, entre las viejas ruinas de la guerra y las ruinas frescas de las estructuras recién demolidas, sobreviven el pequeño Dardán y su abuela, sorteando la precariedad, la escasez, la indolencia y la ausencia de futuro.
Poco después del comienzo de los derrumbes, retorna a la Ciudadela el padre de Dardán, a quien este no conocía. El hombre no regresó por su hijo; vino a participar en un turbio negocio que la presencia de las maquinas obliga a acelerar. Dardán desconfía de la veracidad del supuesto lazo filial y se propone averiguar si en realidad el hombre es su papá. Lo sigue, lo espía, y cuando acepta que sí llevan la misma sangre su padre termina involucrándolo en un crimen. Abandona nuevamente a su hijo; esta vez le deja como herencia un pesado fardo que Dardán deberá cargar por el resto de sus días.
Las demoliciones se aceleran a un ritmo vertiginoso. Dardán pierde su hogar, a su abuela y algunos dedos de su mano. Deambula en medio de una irreal ciudad devastada buscando alimentos, cobijo y tratando de escapar de la barbarie reinante. Finalmente se une a una pandilla de jóvenes que se dedican a asaltar lo que encuentran en los apartamentos aún en pie. Después de varios días de sequía, hambre y alucinaciones Dardán entra a un misterioso edificio llamado por una oscura habitación donde se cifran sus pesadillas.
Segunda parte
Años después, en la capital, metrópolis cercana a la Ciudadela, comienzan a aparecer niños abandonados, sin lenguaje, mutilados, inexpresivos, ausentes del mundo que los rodea. Todos llevan tatuados un número en el coxis, algunos portan simulacros de artefactos explosivos y mensajes que parecen celebrar su liberación. Dardán es ahora un hombre de mediana edad, funcionario del gobierno; su trabajo consiste en encontrar la verdad para esconderla antes de que salpique al Partido, la todopoderosa institución que gobierna al país. Al tiempo que trabaja en el caso de los niños aparecidos, Dardán le promete en vano a Pamela, su amante y prisionera, que la ayudará a salir del país a pesar del riguroso toque de queda en las fronteras. Pero nunca le cumple porque la quiere mantener cerca de sí. Aunque Dardán encarna una parodia de detective en una falsa novela negra, logra averiguar/intuir que los niños aparecidos provienen de su Ciudadela natal.
El rastro que sigue Dardán lo obtuvo tras investigar a W, un abyecto compositor musical vinculado a las esferas del poder. W compró un joven esclavo proveniente de la Ciudadela, donde aparentemente existe un mercado negro de tráfico de personas. W presume su posesión frente a su círculo de insensibles esnobs. Durante una de sus reuniones, en un arranque de ira, W golpea brutalmente al cautivo hasta matarlo. Después, entre culpable e intoxicado, se ahoga en un lago.
Dardán retorna a la Ciudadela, un viaje de investigación que es también un reencuentro con el origen de sus propias miserias. Gran parte de las ruinas han sido disimuladas en forma de colinas artificiales; pero en los oscuros interiores de edificios quebrados perduran las memorias y las consecuencias de la guerra, los bombardeos, las demoliciones y la fiesta del hambre y de la violencia. Después de deambular en busca de alguna información sobre los niños aparecidos en la capital, Dardán es conducido a la misma oscura habitación donde concluyen las delirantes pesadillas de su infancia. Allí, en lo que parece ser una epifanía alucinada, Dardán se reconoce y se acepta como parte de ese mundo que había pretendido ignorar.
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