En el tranquilo entorno de un parque, dos niñas se encuentran sumergidas en mundos distintos. Una de ellas, tumbada sobre la hierba, sostiene un libro en sus manos. Mientras lee, su gesto y postura refleja concentración y serenidad; su mente vuela más allá del aquí y el ahora, sumergida en un universo de palabras y fantasía. Esta niña está en un proceso de trascendencia. A través de la lectura, se eleva por encima de la realidad cotidiana, conectándose con su mundo interno. En ese espacio íntimo, su imaginación florece, alejándola de lo común y llevándola a un estado de creación pura, donde lo extraordinario toma forma.
En frente, sin percatarse de ello, otra niña sostiene un smartphone, atrapada en la vorágine de lo inmediato y lo externo. Mientras una busca la elevación y la superación a través de la introspección y el aprendizaje, la otra se queda anclada en la inmediatez de lo común. Así, el parque se convierte en un escenario simbólico de dos formas de vivir: una, la trascendencia, la autotransformación, curiosidad; la otra, la permanencia en lo superficial, lo normativo y cómodo.
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