Podríamos jugar a destrozarnos la boca, podríamos probar a robarnos, mutuamente, el aliento. Y caer, y rodar, y sucumbir, perdidos, en lo más profundo de cada uno, allí donde late el fuego de un amor que arde y explota. Podríamos hacer eso que hacen los que se aman de verdad como solo los salvajes saben amar: hacer de mis uñas tu carne, hacer de tus suspiros mi alimento. Y es que no puedo ni imaginar el día en que, equívoca, me creí completa sin ti. Tú, mi paradoja preferida, mi sonrisa al
Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0