Sinopsis Riomol:
Ana camina por una carretera que parece estar en medio de la nada. Ningún vehículo circula a través de ella y no se aprecia nada en kilómetros a la redonda. Ni casas, ni gente; solo bosque. La joven pasa por delante de un cartel que anuncia el nombre de un pueblo y los kilómetros que faltan por recorrer para llegar hasta él. Riomol, 4. Llegado ese punto, nuestra protagonista se desvía por un sendero que parece llevar a una zona boscosa. Se interna en ella. Parece conocer el camino bastante bien. Cada vez hay más árboles y la vegetación se vuelve más espesa. Ana sigue caminando, sin parar en ningún momento. Su rostro denota cansancio acumulado por el largo tiempo que lleva sin descansar. Su visión se vuelve borrosa por momentos. Le cuesta respirar y todo parece moverse. Se para. Ligeramente doblada hacia delante, por la sensación de ahogo, logra alcanzar la rama de un árbol y apoyada en ella, recupera poco a poco el aliento. Parece fatigada, pero se incorpora. Respira hondo, mira hacia delante y comienza a andar de nuevo.Cuando ya lleva recorrido un buen tramo pasa por delante de un río. En la orilla de éste se encuentra una pareja de pescadores, sentados en dos sillas, hablando entre ellos.
Ana no se percata de su presencia al caminar con la mirada perdida. Uno de ellos se fija en la joven, un tanto sorprendido, y no duda en llamar su atención para conocer a dónde se dirige. Ana, tras darse cuenta de que le están hablando contesta de forma amistosa y alegre al pescador. Bromea con éste por haberla tratado de usted y les cuenta que camina en dirección a su casa. Que hace mucho tiempo que se fue de allí y que le gustaría volver. El hombre, al verla tan segura se despide de ella mientras observa como la chica prosigue su camino. Extrañado, mientras coloca el cebo en su caña de pescar, le pregunta a su compañero que cuántas casas quedan habitadas en Riomol, el pueblo más cercano, a lo que recibe una respuesta que le confunde todavía más. Cree que ninguna. Cuando se vuelve para ver si alcanza a ver a Ana, ésta ya ha desaparecido.
Nuestra protagonista sigue andando, ahora a paso más lento. Parece desorientada. Su mirada se dirige de repente a un árbol. Ana recuerda que de niña, su padre había plantado uno allí mientras ella correteaba a su alrededor. Recuerda el camino que tiene que seguir y lo hace.
De vuelta en el río, los pescadores siguen con su tarea mientras se escucha de fondo la radio, con poca nitidez. Uno de ellos se centra en la noticia está sonando. Una persona que coincide de forma sorprendente con Ana ha desaparecido. La pareja se mira asombrada. Observan nerviosos el lugar por donde poco antes, la joven se había marchado y salen corriendo en su búsqueda.
Otra vez más, Ana parece desorientada. Cansada, decide sentarse en el manto de hierba que cubre el bosque. Con la mirada perdida, mira hacia el frente. Recuerda que en ese mismo lugar, jugaba con su hermano cuando eran niños. Sigue el atajo que años atrás le había enseñado éste.
Los pescadores llegan al lugar que acaba de abandonar la chica, pero siguen el camino indicado, no el atajo.
Ana llega a su casa. Es muy acogedora y bonita. A pesar de los años está muy cuidada. Parece no haber nadie, estarán trabajando en el campo. Observa las fotos que hay en el mueble de la entrada. Son ella, su hermano y su padre. Camina hacia una de las habitaciones y se sienta en una mecedora que hay al lado de la ventana.
Los pescadores llegan a la casa. Abren la puerta y observamos cómo se encuentra el inmueble en realidad. Abandonado y muy descuidado. Se puede decir que en ruinas. Caminan con dificultad a través del pasillo y ven a una anciana sentada en la habitación. Es Ana. El Alzheimer le hizo creer que era joven (como nosotros la veíamos hasta ahora). Hace mucho que se había ido de su casa. Mucha más de lo que ella creía.
Al ver a los pescadores vuelve a la realidad. Observa sus manos, arrugadas, y su rostro reflejado en el cristal. Derrama una lágrima. Los pescadores la levantan y salen de la casa.
All rights reserved