--¿Por qué tiemblas?
La voz era fuerte e irritada, y la pregunta dirigida a mí. Estábamos apoyados sobre el parapeto, el río Sena fluía apacible, gris, bajo una pequeña llovizna, la de París. Acabamos de salir del museo al otro lado de la calle, donde fuimos a ver algunas de las obras de Matisse.
El movimiento de los pasajeros al ir ahí, en el metro, y al haber mi mano rozado su nuca, mostró un estremecimiento que me pareció no ser provocado por el mero y muy ligero contacto, sino más bien un
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