Al principio no me fijé en ti. Eras demasiado alto. Demasiado alto para mi gusto. No te ofendas; la altura es bonita, es elegante, confiere porte…pero es un gran abismo a la hora de darse un beso. Por eso, siempre me han gustado un pelín más altos que yo. No demasiado. Incluso un poquito más bajos o de mi estatura.
Luego, mientras discutía con un chico sobre yo qué sé qué tontería, apareciste tú dándome la razón. En realidad, no es que me apoyaras adrede, sino que pensábamos lo mismo. Fue entonc
All rights reserved