Hay despedidas que por más que nos duelan tienen qué suceder. Todo lo que mi corazón sintió ese día y el mes anterior lo explico con las preciosas palabras de Amado Nervo:
Si una espina me hiere.
¡Si una espina me hiere, me aparto de la espina, ... pero no la aborrezco! Cuando la mezquindad envidiosa en mí clava los dardos de su inquina, esquívase en silencio mi planta, y se encamina, hacia más puro ambiente de amor y caridad.
¿Rencores? ¡De qué sirven! ¡Qué logran los rencores! Ni rest
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