A nuestro amigo Hugo, que es capaz de soñar con los ojos abiertos.
Hugo todavía no había cumplido los dos años y ya estaba completamente enamorado. Perdidamente enamorado de la luna.
Tan enamorado, tan enamorado que todas las noches esperaba impaciente la visita de su amada que, presumida, se acercaba hasta su ventana. Por eso Hugo no dormía por las noches.
La vanidosa luna no acudía todas las noches hasta la ventana de Hugo y no sólo porque, engreída como era, le gustase hacerse de rogar, n
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