¡Qué bien se lo estaba pasando en aquel teatro de títeres, rodeada de todas aquellas coloridas marionetas! Todas eran artificiales, aunque en el fondo compartiesen algo que las humanizaba. Todas correteaban de aquí para allá y daban saltos de un lado para el otro, preocupadas porque apenas tenían tiempo para verse, para escucharse, para hablar, y ninguna sabía muy bien por qué.
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