Por otra parte, es inevitable que, si construimos nuestra imagen sobre ficciones relativas que se determinan mutuamente (la ficción de que podemos separar el tiempo al narrarlo), esa misma construcción transforma nuestra mirada y, por lo tanto, construye también la ficción o la ilusión del otro que, a su vez, refleja la ficción de mí. Es casi impensable que, si me imagino como proyecto, sea capaz al conocer a alguien por primera vez, de pensarle como fracaso. Y viceversa. El fracaso o el hilflos
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