Una vez, durante una de sus largas travesías alrededor del mundo, Inés Temperina, sin darse ni cuenta, llegó al lejano, lejanísimo país de los Yoyós.
Enseguida fue asaltada por un curioso personaje que, sin preámbulos, empezó a decirle:
⁃ Sepa usted, señorita, que yo, Narciso Egocentricus, soy la persona más importante de este reino. Yo soy el más rico comerciante del país y además yo soy muy famoso. Yo, yo, yo...
Y sin dar a la niña la posibilidad de responder se marchó sin despedirse.
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