Él frena el coche y baja, mientras la pide que se quite la ropa y se ponga las zapatillas. Su violencia, su fuerza, la golpea una vez más y hace que tiemble mientras obedece sin dudar. Mientras él baja del coche con un ímpetu que la asusta, ella forcejea con los zapatos, que parecen de pronto demasiado pequeños para sus pies. No ha llegado a ponérselos del todo cuando su puerta se abre y él toma su pelo para guiar su boca hacia su polla enhiesta. Apenas le da tiempo a saborearla antes de que él
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