Podría comenzar este relato como lo hacen las historias que acaban tan bien como empiezan, pero lo haré de la manera en la que lo hacen los poetas. Algunos de golpe, como si tuvieran prisa por llegar al final. Otros escriben diez versos para expresar lo que sienten y aún se les queda corto. El resto ni siquiera escriben, porque prefieren esperar a que alguien escriba sobre lo que nadie dice.
Nunca sabrás como acaba hasta terminar de recitar la última palabra, porque el poeta te engaña, te seduce y te asesina al principio de la primera estrofa sin que te enteres.
Ahí está la magia.
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