Un hombre inmerso en la mala suerte, deudas, sentimentales, económicas. Tiene una idea genial gracias al encuentro con una anciana que le regala una piedra. A partir de ese momento vende piedras corrientes, de rio, de campo, sin ninguna característica llamativa. El las nombra como : "piedras de la suerte y se hace prospero.
Pero, como en la vida, la envidia le ataca y alguien le denuncia. El mismo juez que ha comprado también una de sus piedras lo declara inocente.
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