El proceso siempre ha sido bien sencillo, y se ha repetido a lo largo de los años, a lo largo de la historia. La receta nuca falla.
Primero, cogemos un grupo homogéneo de personas con cultura y tradiciones «diferente», reduciendo el término diferente a su mínima expresión, pero hay que hacerles sentir que forman parte de algo distinto; si tenemos otra religión u otro idioma, mejor que mejor. No hace falta que sean mayoría dentro de su territorio, unos poquitos ya harán suficiente ruido y turba.
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