A lo largo de este estudio, rastreo los orígenes de la voz “pícaro”, sus primeros testimonios, así como la etimología del término, probablemente la unión de la castellana “picar” y la italiana piccolo. Sitúo su llegada a la literatura a partir de Mateo Alemán, hombre muy sensible a los debates de su época, especialmente de Domingo de Soto, Martín Azpilicueta, Manuel de Giginta, Pedro de Valencia y Pérez de Herrera. Relaciono la popularización del término con el desarrollo del juicio y persecución de Antonio Pérez y de su “pícaro de cocina” Juan Rubio por el asesinato de Juan de Escobedo. A partir de ese momento, años noventa del siglo XVI, el término supera su relación con los bajos fondos y nos sitúa ante personas de elevado rango social. Determino por qué el Lazarillo de 1554, de Bernardino Illán de Alcaraz, y la continuación (1555) de su sobrino Fernando Álvarez Ponce de León y Luna, no son novelas picarescas. Aunque sí, sin embargo, lo es una parte del Lazarillo (1620) de Juan de Luna, sobrino de Fernando Álvarez y sobrino nieto de Bernardino Illán de Alcaraz.
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