Supongo que algún grito similar a ¡tus hijos, sí importan! harían los buenos cristianos que en el año 1491, acusaron a varios judíos toledanos de torturar, crucificar, y arrancar el corazón a un niño, para intentar después hacer un rito con su sangre que trajese la desgracia a todo el pueblo. Ante tanto griterío, y porque quién más y quién menos tenía un hijo o un sobrino, nadie se podía oponer a que estos peligrosos judíos (descendientes de quienes crucificaron a Jesús) fueran quemados vivos de
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