Estamos acostumbrados a quejarnos. Esa es la manera más fácil y a mano de expresar nuestro descontento.
Pero qué pasa cuando somos nosotros el motivo de la queja: ponemos excusas. Nos justificamos y hasta le echamos la culpa a otros, a otras cosas o circunstancias. Incluso los hay que declaran con toda impunidad: "soy así, no hay vuelta", o por el estilo. Con mal o buen tono, da igual.
Así, nos está permitido juzgar las acciones de los demás pero no las nuestras. O sea.
En la medida e
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