El libro recoge trescientos veinticinco pequeños textos que lo que tienen en común es, precisamente, su economía de lenguaje.
Utilizando uno de los sufijos utilizados en ciencias experimentales, para expresar las pequeñas unidades de determinadas magnitudes, podríamos denominarlos Nanorrelatos, pues tan solo unos pocos superan las cincuenta palabras y prácticamente ninguno alcanza las ochenta.
Ahora bien, siendo rigurosos con el lenguaje, tal vez no todos los textos recogidos en el libro superarían el filtro de ser considerados relatos –micro, nano o como quiera que se los denomine– pues algunos podrían considerarse greguerías, otros pasarían por aforismos o sentencias y, con toda seguridad, algunos otros no superarían la categoría de simples ocurrencias, pero todos ellos reflejan la manera en la que el autor observa la realidad que nos rodea.
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