A veces llega la casualidad o la causalidad (lee atento, que no me refiero a lo mismo), y te lleva a una canción que hacía tiempo que no escuchabas (o si...o no...). Así que le das al play, esperando simplemente disfrutar de una melodía cantada por una voz rota. Pero para rota, la línea del tiempo, que parece descomponerse en añicos. Por lo que de inmediato te agarras a ese diminuto pero poderoso átomo que te obliga a retroceder años atrás. Es lo que tienen las canciones, que tienen una especie
All rights reserved