Leopoldo adolecía, sin embargo, de un defecto: no le gustaba escribir. —Augusto Monterroso
De nuevo sentado ante la pantalla, Pedro quería escribir.
Recordó aquel momento, hace ya más de diez años, en que compró un ordenador para mejorar la redacción de sus escritos, hasta entonces plagados de tachones (ya lo dice Lope:"Ríete tú de poeta que no borra”). La máquina hizo su servicio, pero ofrecía múltiples posibilidades de distracción ajenas al uso del bic o la olivetti.
En primer lugar, la tip
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