La Casa de Albornoz se elevó gracias, sobre todo, a personajes cuyos nombres fueron «Gil», quedándose como elemento clave de identificación del linaje o Casa, alcanzando, muchos de los cuales, cotas altas en el estamento eclesiástico. Así, el cardenal don Gil de Albornoz (1310-1367), el capellán mayor de las Descalzas del mismo nombre (†1587), o el segundo cardenal don Gil (1581-1649), entre otros, constituyeron toda una estrella sobre la que giraban el resto de miembros de la familia. Otros, como los Condes de Torrepalma, ayudaron a consolidar los hechos de sus antepasados Albornoz en el Olimpo de la nueva Nobleza titulada, alcanzando la Grandeza y altos puestos en la Administración y la Diplomacia.
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