Se pueden hacer trenzas suaves con los nervios pelados como cables.
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Me arañan los tejones, los gatos, los mapaches, los demonios y surges de entre el barro con las algas adultas prendidas de tu piel de gelatina, blanca. Tan vivo que no pareces muerto. No sabiendo tocar con la voz ni con las manos, el pelo encharcado luminiscente, sin memoria de mí. Tan vivo que no pareces muerto, tan de espaldas que hundo mi nariz donde un día hubo alas y te respiro y te abrazo. Por si recuerdas.
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