SOBRE LA EXPERIENCIA DEL AMOR
Mecido por el viento alcancé una costa,
de aguas cristalinas y templadas,
la costa sur de una mente nórdica,
el calor en una ventisca invernal.
Desorientado, me acerqué a la orilla del mar que ante mi se presentaba
un horizonte de ensueño,
el alba, tras años de oscuridad.
Pero la luz, aunque tenue, ofuscaba mi vista,
y sofocado por el calor seguía reacio a desnudarme,
por miedo a ser azotado por el viento helado que había dejado atrás.
De pronto, sentí un
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