Si uno pretende acercarse a un pueblo se tiene que dejar llevar por su inercia, levantar los brazos dejando hueco al corazón y conectar con lo que venga, olvidando las corazas en casa. La danza sufí de los derviches es mucho más que eso, es la huella del recogimiento y meditación de una cultura a caballo entre Oriente y Occidente.
Un país de contrastes, tantos velos como mujeres pujando por abrirse camino en una cultura que las sitúa dos pasos por detrás del hombre que se pasa la vida en el bar,
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