Un año que acaba sirve para hacer balance. Esta tarea puede ser ingrata, porque el ser humano tiende a destacar lo malo por encima de lo bueno. Así, a veces un minuto de sombra engulle todas las horas de luz. En cualquier caso, es un año vivido y esta circunstancia conviene celebrarla y dejar de pensar en el ocaso, porque cada minuto cuenta. Durante estas fechas, como se puede comprobar, me hundo en absurdas meditaciones; a veces me embarro y es habitual que acabe deprimido, pidiendo la hora par
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