Moiras que tejéis las idas y venidas en la rueca de la humanidad. Hilos invisibles que os llamáis, destino. Cómo osáis, si quiera, a mirarme a la cara sabiendo que mi amor, mi vida y mi locura no escapan a vuestras manos.
He sido esclava de vuestros pensamientos, hebra torcida en vuestras manos, una mota de polvo en vuestros enredos. Miles de años han pasado desde entonces, cuando atrapada quedé en vuestra telaraña, ambicionando tener junto a mi, a mi amado.
Lejos queda ya aquella vida, en ést
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