Cuando uno entra en un conflicto, sea cual sea su intensidad (desde una guerra hasta una discusión vecinal), y en proporción a la misma, debe tener en cuenta, entre otros, un par de factores esenciales: uno, que es de cajón, medir bien la potencia del adversario o enemigo; otro, una vez iniciado el conflicto o en sus prolegómenos, no creerse jamás la propaganda, ni la del enemigo, ni menos aún la propia.
El independentismo catalán la ha pifiado en ambas.
El independentismo catalán ha vendido a
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