La chica del vestido blanco El viejo Tomas Somonte tenía un trabajo que a muchos le horrorizaba, pero él estaba acostumbrado y orgulloso, fueron muchísimos años trabajando de lo mismo: primero fue su padre y cuando éste murió, él siguió con el puesto, pues era lo único que le hacía aferrarse a la vida con ilusión, después de todo, siempre había visto a su padre hacerlo, se había criado en aquél lugar, en la pequeña casa que había... en la parte alta del cementerio. Tomas se sentía dueño de aquél
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