Quédate junto a mi ahora y siempre, no permitas que la prueba me destruya, a fin de que yo pueda en aquel dia entonar con gran gozo y alegría los cantos de victoria y aleluya. Sé para mi cual alfarero santo, que cuece barro en el candente horno, para que cuando vengas, Jesús, en tu retorno, ya no haya más clamores, ni dolor, ni llanto. Quiero sentirte cerca a mi lado, que tu vara y tu cayado en mi aliento infundan, y si las pruebas de este mundo mi alma inunda, acógeme en tus brazos. Dios amado, Perdóname, Señor, si al ser probado, mi fe desalentada titubea, más para que este mundo cruel tu omnipotencia vea, a la gloria trasládame, cual Enoc arrebatado.
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