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10108 results found for tag:"prosa".
http://valentina-lujan.es/oca/6paradel5al42.pdf que ha sido, a pesar de todos mis temores y de tanta inquietud como el sólo hecho de tan sólo pensarlo me ha venido causando durante tanto tiempo, una de las decisiones más acertadas que he tomado en mi vida ya que, no es sólo lo ordenado y limpio que lo tiene todo, ni lo bien que me tiene atendidos a Indalecio y a Manolita (que resultó ser hembra; pero a él lo tolera muy bien y hasta parece que lo escucha con agrado), sino lo meticulosamente ordenados que me tiene los cajones de la mesa que — he de confesarlo enormemente avergonzado — es cierto que durante las primeras semanas los tuve cerrados, con llave, por si se apropiaba de mi obra o me la plagiaba pero, un día, o más exactamente una noche, recibí un mensaje en el móvil (de los que se leen, no mensaje hablado) que, suspicaz como de siempre he sido, tan pronto vi que era de ella — porque fue algo que sucedió muy al principio, cuando todavía desconfiaba porque aún no la conocía — imaginé ya antes de pulsar en “leer” que iba a ser poniendo alguna excusa (alegando por ejemplo que tenía que acompañar al hospital a algún familiar enfermo, o que le habían robado la billetera en el autobús y tenía que dedicar, “seguro”, toda la mañana “porque ya sabe usted — que hasta me parecía estarla oyendo, aunque el mensaje era escrito — cómo se ponen las comisarías en estos tiempos de tantísima inseguridad que vivimos”) para no venir al día siguiente; pero, cuando por fin lo abrí, el mensaje era muy escueto, sólo ponía vea esto seguido de las tres w dobles y algo más que son siempre la dirección de una página web en la que, me explicaba, encontraría, dentro de una flecha roja, las palabras vea esto. Me explicaba también que haciendo clic en ese vea esto de dentro de la flecha roja llegaría a lo que ella me quería mostrar y, después de un punto y con su mayúscula y todo — detalle al que le encontré mucho mérito, tan engorroso como resulta el buscar en el teclado los signos de puntuación y las mayúsculas — me hacía la siguiente advertencia: No pude hacer nada de lo que me indicaba porque mi móvil, mucho menos moderno que el de ella, no tiene internet y, como además me daba vergüenza contestarle con otro mensaje porque tengo muy poca soltura con los puntos y las comas, opté por dejarle — a la mañana siguiente, antes de salir para el ministerio — una notita escrita a mano en la que le daba las gracias por la advertencia del porcentaje pero la informaba, al mismo tiempo, de que no me era posible entrar en la página. Eran poco más de las nueve y media cuando Gutiérrez compareció informando de que una dama deseaba verme. No me dio tiempo a, sobresaltado al escuchar una voz con la que no contaba, apartar la mirada de mis papeles y levantar la cabeza para, disimulando la sorpresa que me causaba verlo ahí, decirle “hágala pasar” porque una mano femenina enguantada lo empujó, aunque sin brusquedad, a un lado, y tras dedicarle un escueto “perdón” taconeó a paso vivo hacia mi mesa… – Ah, Lola — dije, poniéndome de pie —; es usted. – Lamento enormemente interrumpirle; además, yo misma estoy bastante ocupada esta mañana y con unas lentejas en la lumbre… se las dejaré en el frigorífico en uno de esos recipientes herméticos, cuando por añadidura tengo que colocar la cortina de Indalecio que está en la lavadora. Pero en cuanto he leído su nota, tan importante como debe de ser para usted lo que intenté informarle, me he vuelto a calzar y he tomado un taxi. – ¿Tan urgente es? En lugar de responder hurgó con celeridad y afanosamente en su bolso; sacó su móvil y, mientras con el pulgar pulsaba con una destreza portentosa por los iconos...
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2405107939266
Primera oca de tierra para desde el 5 al 42
05/10/2024
Celia Mendoza
http://valentina-lujan.es/oca/5paradel5al42.pdf Y cuando quise reconocer honestamente y asumiendo toda mi responsabilidad ― no recuerdo si entre plato y plato o ya en el postre, aunque más me inclino a suponer que “entre plato y plato” porque como estaba atravesando una época de mucho trabajo apenas tenía tiempo de parar en la cafetería y había suprimido el postre ― que todo había tenido lugar en mi imaginación y sólo en mi imaginación y en ninguna otra parte y sin la intervención ― que yo supiese, al menos ― de nada ni de nadie más, estábamos frente a unos hechos consumados y ante una situación que no tenía ya vuelta atrás por más que todos los implicados se mostraran deseosos de colaborar y se ofreciesen, como se ofrecieron, a rectificar o desdecirse o hacer cualquier cosa — “lo que haga falta”, dijeron, y parecían sinceros — que posibilitase el que “nuestras vidas” se reencauzasen y adquirieran una cierta apariencia de verosimilitud que les confiriese el halo de respetabilidad con que los “seres racionales”— “porque racionales sí somos, ¿verdad?, aunque no del todo razonables” — anhelan perdurar en la memoria de las generaciones venideras. Continuará) .... Que me pareció (o quise creer) que al pronunciarlo Sonia, que al decir Sonia “nuestras vidas” me estaba incluyendo; y eso me reconfortó porque representaba un punto de esperanza o, al menos, un clavo ardiendo al que agarrarme para poder, una vez llegado el momento (aún tan lejano, desde luego, y tan difícil de imaginar sin más referencias que lo que la fe de otros alcanzó a con mayor o menor acierto inculcarnos) de rendir cuentas ante el Sumo Hacedor de mis pequeños actos, aducir aunque fuese sin toda la convicción y la voz un poco temblorosa, que no todos los errores, ni todos los desajustes, podían ni debían en justicia imputárseme. Y emitió Sonia, al preguntar, una risita nerviosa; mordisqueándose el labio inferior como temerosa de haber hecho una afirmación descabellada. O regresaré – si es que soy capaz de encontrar el camino de vuelta – a mi casa, con Indalecio, y una vez allí y sin el inconveniente de tener que fregar los cacharros del desayuno ni sacar la ropa de la secadora, que para eso me he decidido a contratar una asistenta, dedicaré la velada a organizarme y seleccionar de entre todos los borradores que tengo empezados el que vea yo con más posibilidades de satisfacer el gusto tan exigente de mi amigo.
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2405077913112
Podía tener su gracia
05/07/2024
Doña Fructuosa
http://valentina-lujan.es/alicia/podiatener.pdf porque a lo mejor un día ― uno de esos días en los que uno (sin saber por qué y estando, a lo peor e incluso, pasando una de esas temporadas horrorosas en las que no se siente uno con ánimos para nada, desanimado y convencido de ser un ser {no, no puedo escribir ser un ser, aunque uno (yo en este caso) esté siendo un ser, porque, a ver si no, qué otra cosa un ser puede ser; pero mejor persona (que, entendámonos, no pretendo querer decir con ello ser una persona mejor, y que mala persona creo que no lo soy aunque, que también lo reconozco, sí que podría quizás intentar ser mejor, pero no quiero ahora entrar en filosofías y sí centrarme en lo que estoy), mejor aunque la aclaración resulte innecesaria porque creo que se entiende perfectamente qué quiero decir}convencido (estaba diciendo, o, bueno, escribiendo, claro) de ser una persona (mejor, que sí, salta a la vista que queda mejor) absurda a la que no volverá a ocurrírsele una idea inteligente (o, a lo mejor, mejor brillante, pero ya lo pensaré en otro momento) con la que poder continuar un trabajo con el que está atascado (y, encima, bloqueado porque el propio atasco lo angustia, y ya se sabe que la angustia paraliza y lo deja a uno sin fuerzas ni recursos)―, va y se encuentra, así, sin esperarlo, en el bolsillo derecho (aunque si mi amigo es zurdo, que ahora que me doy cuenta nunca me he parado a pensarlo, sería el izquierdo) de una americana que va a llevar a la tintorería la chuleta que guardó un día en un restaurante cafetería, quiero decir, cafetería, que lo de la chuleta me ha hecho confundirme y debe de ser porque tan absorto en el trabajo se me ha ido el santo al cielo y me termino de dar cuenta de que es tardísimo y de que tengo hambre. Así que me marcho a comer y a la tarde seguiré… No, que a la tarde tengo algo importante que hacer. Que no se me olvide qué. Pero mañana seguro que sí, porque en el ministerio no tengo otra cosa que hacer. Continuará
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2405077910074
Por si acaso
05/07/2024
Carmelo
http://valentina-lujan.es/alicia/queresultono.pdf – Que resultó no resultar porque resultó — le explico, porque quiero que entienda que si las cosas no han prosperado por esa vía no ha sido por causa de algo de lo que yo sea responsable — que, ella misma me lo confesó, había sido muchas cosas en esta vida tan destartaladísima que llevo, y que, alg… – Algún día, cuando tuvieseis más confianza — sigue el, como si recitara, como si estuviese repitiendo de memoria algo requetesabido —, si vuestra relación no se iba a pique como se habían ido a la mierda tantísimos otros buenos principios… ¡sí yo le contara!... ¿Verdad? ― Me pregunta él a mí, como queriendo significar “¿es cierto lo que digo o no lo es?” ― Pero que siguieras, con lo tuyo, con lo suyo, que no lo quiero entretener que ya tiene usted hoy bastante lío porque fue una tarde…, lo recuerdas bien ― asegura, apuntando a los papeles con su índice mientras habla ― muy complicada, de mucha tensión y enormes dificultades por culpa de un sombrero que no te salía. – Un avión ― rectifico. – ¿Un avión? ― Él. – Sí — le contesto, y le explico que un avión sencillo, de principiante, uno de esos avioncitos que podría hacer hasta un niño. – No sé… — y se me queda mirando parece no sé por qué pensativo, preocupado, diría, incluso, como si desconfiara no sabría yo decir si de mí o de su memoria. –“¿No sé?” — yo, un poco picado — ¿Qué no sabes? ¿Qué hay que saber? – Pues que… Pero no te mosquees, ¡joder! – No; si no me mosqueo, pero es que… ¿Qué sombrero? No he hecho un sombrero en mi vida. – Vale. No lo has hecho. No has hecho en tu vida un sombrero samurái. Pero no por eso hay que enfa… – ¿Samurái? ¿Encima samurái con lo difícil que debe de ser un sombrero samurái? – Difícil, sí — y parece de repente muy relajado, y enciende un cigarrillo, y sonríe y me guiña un ojo en un gesto que me sugiere complicidad, o invitación a entrar en un juego; pero…, ¿qué juego? Y, sigue el hablando, mirando a cualquier parte con los ojos un poco entornados, diciendo que sí, que difícil, pero que no por eso hay que enfadarse, que es sólo cuestión de paciencia y que algún día lo conseguiré. – ¿Tú crees? – Estoy seguro. – ¿No lo dices por animarme? Porque, yo, si he de ser sincero me siento muy… – Eso debe de ser porque tal vez estés cansado — dice, bebiendo el último sorbo de cerveza. Y se pone de pie y apagando el cigarrillo con una mano me cierra, con la otra la carpeta y, “anda, vamos a dejarlo por hoy”. Vuelvo yo, también casi ya de pie, a abrir la carpeta para escribir continuará. –Ah, ¿sí? — dice. Y me da una palmada en la espalda. Y lo noto contento. – Si — respondo, escueto. Un escueto y breve sí porque no quiero que sepa que, no sé por qué, parece que me siento más animado. – ¿Mas animado? – Que sí ¡Joder! – Pues ponlo, que luego se te olvida. Con su “¡joder!”, claro, también. Y que el “continuará” también. – Es que… — simulando resistirme un poco. Por hacerme un poquito el interesante. Ni es que ni nada. Continuará y punto. Y escribo Continuará Y, para que no me regañe, el punto también. Así: . Bien grande. Para que no diga que…
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2405077906503
Nota preliminar a las Versaciones de un chupalumas
05/07/2024
Elisenda
http://valentina-lujan.es/alicia/notapreli.pdf Aquí te lo cuento todo, María Eulalia, punto por punto y palabra por palabra. Aquí te cuento, en primer lugar, no que le dije que exageraba, que eso ya lo sabes tú, y que yo nunca… Pero eso, mi bien amada María Eulalia, lo sabes también. Lo que quizás no sepas es que, él, en algún momento ―no podría indicarte con precisión la página, porque tenía por entonces la mala costumbre de no numerarlas, y yo, tan obsesionado con mi obra, nunca me detuve para corregírsela ―, dijo “estupendo” … Dijo “estupendo”, sí. Dijo “estupendo” y ahora ya lo sabes porque te lo estoy diciendo. Pero, lo que quizás no sepas y puedas tal vez no saber nunca, es por qué lo dijo; y, eso, mi bien amada María Eulalia, te lo digo porque lo único que podría decirte es que a partir de aquel instante fue todo tan confuso, tan infinitamente más confuso de todo lo confuso que había sido hasta el momento, que, cómo podría explicártelo… Puedo referirte, vagamente, que acto seguido yo le dije, o él me dijo, y que me contestó o que le conteste, antes o a lo mejor después de algo relacionado con un altercado ― “rifirrafe”, exactamente, que esa fue la palabra que él utilizó o yo empleé ―, algo que no te sabría tampoco decir qué. Y que alguien gritó “¡socorro!”, así, entre admiraciones ― las comillas las he puesto yo, para ti, María Eulalia ―, sé que entre admiraciones porque se percibía una cierta elevación, o alteración en la voz, que daba idea de una cierta premura, sí, pero que, como al ser pronunciado (y escuchado) de viva voz no se podía ver si iba en mayúscula, sería no menos (ni más) aventurado ― y eso puedes entenderlo tú sola, María Eulalia, aunque yo no sepa o no pueda explicártelo ― el afirmar tanto que se trataba de una petición de auxilio o, por el contrario, de que quien lo pronunció estaba llamando a alguien que tuviera ese nombre y estuviese lejos… Pero, ¿qué más da todo eso? ¿Qué más da, incluso, qué pueda sospecharse aunque sea tan solo por poner por caso, y en letra pequeña, en un pie de página que puede suprimirse, en cualquier momento, antes de pasarlo todo a limpio y sin tener que realizar grandes cambios que puedan alterar, o desvirtuar, la realidad de lo que se pueda pretender estar contando? ¿Qué más da todo eso, en realidad, ni a quién en realidad puede importar cuando la realidad en realidad es que la realidad es siempre tan… Así que, María Eulalia, o Proserpina ― o quien en realidad seas cuando, en realidad, ¿qué más da ni a quién le puede importar en realidad quién en realidad seas, o seáis, tú o ella o cualquiera de las dos en realidad? ―, la realidad es que en realidad llego a la conclusión de que lo mejor en realidad va a ser que vayas al principio, aquí, en las primeras líneas (que te las dejo aquí marcadas para que no las confundas con cualesquiera otras primeras líneas que pueda leer, por poner por caso, no sé qué Proserpina), y, desde allí (o “aquí”, tal como te he marcado) podrás recorrer, paso por paso, punto por punto, y palabra por palabra, el largo camino (o corto, dependiendo de los atajos que se tomen) que me ha traído hasta aquí y que yo he recorrido, mi bien amada María Eulalia, para ti; para ti y que no quiero en modo alguno que confundas, y que pudieras a lo peor perderte en él, con cualquier otro camino que haya podido quién sabe qué impostor recorrer para quién sabe qué tampoco (o también) Proserpina que qué podrá importar a nadie, en realidad, saber quién es. Con todo mi amor: tu Felipe
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2405067899358
"Te dije", le dije
05/06/2024
La dueña del restaurante liban
http://valentina-lujan.es/alicia/tedijele.pdf – Y te conté también ― proseguí, “pero de qué servirá que yo abunde en detalles si tú estás del todo decidido a en modo alguno recordar”; añadí en tono quejumbroso ― cómo aquella misma noche, terriblemente asustado pero con una ilusión indescriptible, puse manos a la obra de leer cuidadosamente el manuscrito para, a la mañana siguiente, descansado y con la mente despejada, estar en posesión de toda mi poca o mucha capacidad de discernimiento para, allí, en la beatífica paz de mi despacho y sin nada que me pudiera distraer excepto el subir y bajar de algo parecido a un gigantesco sacacorchos (que accionaba con enorme destreza un operario desde la cabina de una de esas sofisticadas máquinas que se utilizan en la construcción) que producía un sonido acompasado y ronroneante al otro lado de la ventana , saber separar el grano de la paja, lo esencial de lo accesorio, lo ocasional de lo imperecedero, lo trascendente de lo efímero, lo… – Ya ― “tú, cortante”, le dije. – “Ya”, sí, yo ― admitió ―; dije “ya” pero no un “ya” tan cortante como el que tú describes ni en el tono despectivo o enojado en que tú te empeñaste en percibirlo interpretándolo como de descreimiento por mi parte o como si estuviera yo queriendo dar a entender que no estabas diciendo la verd… – Ya ― yo, quitándole la palabra temeroso de que, como antaño, me quisiera liar ― ¿Debía entender por tanto y yendo directamente al meollo de la cuestión que lo que estabas queriendo decirme era que bastaba ya de meter paja enumerando la larga serie de elementos, cualidades y conceptos de entre los que debería yo tomar la decisión de cuáles desechar y cuáles conservar en función de qué carácter, qué entorno, qué pasado o qué futuro yo eligiese como idóneos para sacar adelante un personaje tan apenas bosquejado, aunque tan lleno de posibilidades, desde luego, como era el que tú terminabas de entregarme y que lo que debía hacer era ponerme, sin más dilaciones, manos a la obra de simplemente crear? – ¿Eso me preguntaste? — preguntó. – Eso, sí señor, te pregunté — respondí. – ¿Y qué te contesté? ― Él. – Me contestaste ― le contesté ― que te repitiese la pregunta. – ¡Pues muy mal contestado! ― Él. – No está mal contestado ― yo, que a veces me pregunto si no padeceré algún tipo de afección, esa especie de síndrome que lo hace a uno ponerse de parte, meterse en la piel, del adversario ―; es lo mismo que habría contestado yo ante una pregunta semejante. – Pero es que tú y yo, métetelo en la cabeza, se supone que somos personas afines, sí, afines en cierto modo o de lo contrario no habría yo confiado en ti para rogarte que me hicieras el favor de suplantarme ni osado, naturalmente, tomarme la libertad de molestarte con una petición tan comprometida y delicada que tan en riesgo podía colocar a tu lealtad; pero lo bastante diferentes como para que resulte sobradamente obvio que no ya es sólo que no vayamos a dar el mismo tipo de respuestas al mismo tipo de preguntas sino que, más evidente aun, jamás se nos ocurrirían el mismo tipo de planteamientos, ni de preguntas, ni de nada… ¿Comprendes? – No. – ¿Quieres que te lo explique? – Sí ― “Te contesté; y la explicación que me diste”, le dije, “fue que la explicación que tú pudieras darme no sería, ateniéndose al planteamiento que terminabas de hacerme, la que a mí me pudiera convencer”. – Bueno ― él ―; eso, en buena lógica, está bien. – Ahí ― repliqué ― estamos de acuerdo. – Pues “ahí”, precisamente ― refunfuñaste ― está el problema… Y que luego, le conté también, al cabo de un corto silencio, se me quedó mirando a través del humo del cigarro y, entornando los ojos, pronunció un dubitativo “a menos que”. – ¿Qué? ― Yo. – “¿Qué?”, tú, sí ― Él; algo irritado y haciendo un alto para protestar de que si estoy todo el rato precisando quién dijo qué y diciendo “porque tú dijiste” y “porque yo contesté” y queriendo dárselo todo bien masticadito al lector el relato se volverá muy confuso y farragoso para, acto seguido y sin pizca de acritud, proseguir ―: Algo impaciente, recuerdo, un “qué” que pronunciaste con un punto de ansiedad, de vehemencia, deseoso quizás de que dijera algo más que te sacase del atolladero en que te habías metido pretendiendo que, como de la discusión sale la luz según reza un viejo proverbio, daríamos los primeros pasos discutiendo para terminar desembocando en algún camino imaginariamente despejado y sin obstáculos por el que podríamos continuar nuestra andadura...
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2405067899228
¡Hala, ya está!, pero no está
05/06/2024
Orfelina
http://valentina-lujan.es/alicia/peroloquepr.pdf Versaciones de un chupaplumas ¡Hala, ya está! Pero no está, que se lo tengo que decir a Lola; no está porque lo que él pregunta en realidad, es: – ¿Así que eso es todo? – Bueno ― contesto ―, naturalmente tengo… bueno, mira, ya lo has visto… Y le iba a enseñar las páginas con las indicaciones de Lola, pero como no las he desarrollado personalmente todavía, detengo el gesto de buscarlas y le resumo, a él1, que creo que entre lo de mi madre, y lo del botón de la camisa, y lo de los guisantes y lo de la papelera del ministerio y unas cuantas cosillas más2, me parece que lo de su nov… – Lo de mi novia ― dice, sin dejarme terminar el planteamiento ―, casi va a ser mejor que lo olvides o, por lo menos, lo dejes de momento un poquito aparcado. – ¿Eso precisamente? – Eso precisamente. – ¿Estás queriendo decir que no te entusiasma? – No. – O sea: que sí te entusiasma. – ¿No te he dicho que no? – Pero, una criatura tan deliciosa… De acuerdo que lo que se dice una beldad no será, eso ya lo sabemos, ¿pero estás seguro de que con el resto de sus innumerables atractivos no t… – No, no tenemos suficiente. – ¿Lo has pensado bien? – No hay que pensarlo mucho ― dice ―. No tenemos, es más que evidente, ni los elementos de juicio, ni la madurez imprescindible para embarcarnos en una historia de amor. Así que… 1 De manera sucinta, que dice ella que queda muy literario. 2 Y tan liado que estoy ahora, además, buscando una cocinera porque Lola dice que no da abasto. Y yo quiero que Lola se encuentre a gusto, tan buen servicio que me hace (aunque al remate me puso una nota de que sólo había tenido tiempo de planchar dos camisas y la manga de otra, porque miró el reloj y vio que era tardísimo y que llegaba tarde a la cita que tenía con su manicura) Versaciones de un chupaplumas ¡Hala, ya está! – A ella no la conozco ― le digo ―pero tú, madurez… Si no recuerdo mal yo soy tan sólo unos meses más jóvenes que tú, y ya no voy a cumplir los… – ¿Y qué quieres decirme con eso? ¿O es que piensas acaso que porque sea mayor que tú ya soy un viejo? – ¡No; por supuesto que no! Pero sí lo bastante adulto como para darte cuenta de que ya va siendo hora para determinadas cosas. Luego, va pasando el tiempo y, cuando quiere uno darse cuenta… – No, si algo de razón puedes estar teniendo. Pero, aun así… – Venga, hombre, anímate. – No seas terco, ¿quieres? – De acuerdo, de acuerdo; lo que tú quieras y como tú lo quieras, yo tan sólo soy un aficionado en estas lides, pero, estoy plenamente convencido de que todo lo relacionado con el amor da much… – Oh, sí. Muchas alegrías, muchas satisfacciones, pero tan… No sé, hace falta mucho tacto, mucha destreza, una sensibilidad muy especial para desenvolverse con soltura en un terreno tan delicado como es el del amor y, sobre todo, como es nuestro caso, cuando no queremos bajo ningún concepto caer en tópicos ni en lugares comunes ni en… – Ah; no, claro. Nosotros “no queremos caer en tópicos”, nosotros ― creo que me estoy empezando a cansar de que ponga pegas a todo, y debe de ser por eso que me pongo un poco impertinente ― “huimos como alma que lleva el diablo de los lugares comunes”, nosotros “somos seres diferentes al resto de los mortales”, nosot… – ¡Hombre ― me corta ―, no digo yo tanto! No digo yo tanto, pero… Todo aquello, cuando lo del Retiro… ¿Te acuerdas? – Sí, claro ― me acuerdo ―. La primera vez, por cierto, que me hablaste de ella. – Exacto. Mientras mirábamos las barcas y todo eso, ¿verdad? – Justamente ―le digo. Pero a Lola le tendré que decir que, con este giro imprevisto que ha tomado la pregunta, me he atascado; y ella lo solucionará con unas judías con oreja que, lo mismo, a lo mejor hasta son de lata como las de la mujer de Ramírez. Qué qué ganas tengo de encontrar una cocinera y comer en condiciones, como cuando tenía los cajones con llave.
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2405067898504
Jamás lo escribiría
05/06/2024
Cósima Ortiz
https://valentina-lujan.es/alicia/jam.pdf Y no por lo que en un primer momento quiso mi amigo entender como virtud que — al imaginar él que no lo haría por no dejar constancia de un mal pensamiento que pudiera atentar sin motivos probados contra la honorabilidad de Sonia pero que se manifestó como un error de interpretación por su parte cuando apenas trascurridos unos instantes se dio cuenta de que los motivos para no escribirlo deberían ser muy otros que, por su trascendencia y la forma en que habrían de incidir en las vidas de todos nosotros, mereciesen constituirse en separata y argumento de lo que si las musas se mostraban propicias habría de pasar a la historia como el capítulo primero de este muy ambicioso proyecto o magna historia — me adornaba sino porque, al no querer mi amigo entender ni imaginar ni en un primer momento ni en ninguno de los posteriores algo así o que remotamente se le pareciese, me quedé bloqueado, sin recursos, y hube de considerar que, si en verdad deseaba encontrar una salida airosa para mi situación, no me quedaría más remedio que buscar amparo en cualquier otra imaginación aunque fuera, y que muy posiblemente lo sería, muy diferente de la de mi amigo. Me quedé en este punto pensando un rato porque… − Vamos a ver — me dije —; vayamos por partes. − Vayamos — me avine. Sin muchas ganas de dialogar conmigo mismo ni de ir a o por ninguna parte. Y fuimos, sí, recuerdo; y que anduvimos por caminos que no voy a describir porque qué puede decirse de caminos que, quieras que no y por muy buena voluntad que a la cosa le eches, no van a ser no ya novedosos o sorprendentes sino tan siquiera un poco, aunque solo sea un poco, diferentes de los ya recorridos por quienes en algún momento de sus vidas hayan intentado moverse por caminos novedosos y sorprendentes para llegar a — pero tampoco estos voy a describirlos por razones no muy diferentes de las anteriormente expuestas — parajes maravillosos en los que el alma parece ensancharse o a mazmorras lóbregas y malolientes en la que el ánimo parece ensombrecerse. − Pero, ¿es eso verdad? − El qué — me respondí. Y, para mi propia sorpresa me contesté que no; que no es verdad del todo o, por darme dos opciones y tener donde llegado el caso poder elegir, que no siempre lo es. − ¿Por qué? Pero a eso me negué en redondo a contestar por no caer en la obviedad, tan manida, de explicarme que no siempre los parajes maravillosos son del todo determinantes para que el alma se ensanche ni las mazmorras malolientes y lóbregas garantes inequívocas de que el ánimo vaya a ensombrecerse.
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2405067898375
Página 24
05/06/2024
Doña Anastasia
https://valentina-lujan.es/alicia/pagina24.pdf Escribí, escribí página 24 con trazo enérgico y en letra grande y clara, mordiéndome los labios de rabia, o de vergüenza, por estar rebajándome a ser un tramposo, un tramposo y un farsante que te estaba remitiendo a una página 24 de algo que, en realidad ― porque quiero ser del todo sincero contigo, María Eulalia ―, no había escrito yo, pero decidido, también ―y también en esto quiero ser muy sincero contigo ―, a prometerte que iba a escribir, ahora sí yo mismo y de verdad, la 25, y la 26, y todas las que hiciesen falta para demostrarte que además de un tramposo y un farsante puedo (o podía) ser un magnífico escritor, un magnífico escritor que te sorprendería y del que llegarías a sentirte muy, pero que muy orgullosa. Pero tú lo tiraste todo por la borda, María Eulalia; lo tiraste todo por la borda y arruinaste mi brillante futuro de escritor porque, cuando me presenté ilusionado ante ti ― aquella tarde que fui a esperarte a la salida de la peluquería con un paquete de quinientos folios recién comprado bajo el brazo; quinientos folios, María Eulalia, que no tienes tú ni idea de cuánto se puede escribir en quinientos folios nuevecitos y, con tantos planes, tantísimos proyectos como llevaba yo aquella tarde en mi cabeza cuando fui a esperarte― con la promesa perfectamente estructurada y lista para hacértela de manera que, estaba seguro, pudiera maravillarte, saliste tú, saliste pero no con tus sandalias de tacón y tu bolso colgado del hombro sino ataviada con tu ropa de trabajo, y tus guantes de látex, explicando que se te había complicado el trabajo y que tendrías que quedarte hasta tarde porque tenías que arreglar un tinte a una clienta porque, el color que acababas de ponerle y ella había solicitado color fuego, resultó quedar color remolacha y, ella, la clienta, se había quedado helada porque no podía (me dijiste que te dijo muy enfadada), siendo como había de ser al día siguiente la madrina en la boda de su hijo, presentarse con una remolacha que no conjuntaba, en absoluto, ni con su bolso ni con sus zapatos. Yo traté de hacerte comprender que eso no era posible; pero, tú, nerviosa y muy alterada, me dijiste que vaya si lo era, y que no tenía yo ni idea de cuánto ni en qué términos ni en qué tono puede largar por su boca una señora que, sí, podía a lo mejor ser una persona del todo encantadora y tú no lo dudabas, pero, imbuida ya quizás de su futura e inminente condición de suegra, quién sabía cómo ni cuánto de fiera corrupia pudiera ponerse; y que tú no tenías ganas de broncas. Y te metiste sin más contemplaciones para dentro. Y me dejaste allí, con los folios bajo el brazo y mi promesa, tan estupendamente estructurada, y con mis planes y mis proyectos arruinados por algo tan del todo incomprensible como que, en pleno verano ― porque era verano, María Eulalia, acuérdate ―, una clienta se te quedase helada. Así que, desanimado y entristecido, emprendí el camino a casa pensando que, lejos, muy lejos de seguir cuando llegase con la página 24 que te quise prometer cuando tú no quisiste escucharme, tendría que seguir con lo de Indalecio y la cortina y, según me habría Lola seguro dejado pegado en un post-it en la nevera, la cuarta estrofa del canto quince del Orlando furioso. Que, espero que lo entiendas María Eulalia, no podría de ninguna de las maneras ser lo mismo. Con todo mi amor: tu Felipe
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La puerta
05/06/2024
Clemencia
http://valentina-lujan.es/alicia/lapuertaquealas.pdf que, a la sazón o por entonces dependiendo de si el turno tocaba a alguno o a alguna de la tutoría de don Cliptemestro — que puntuaba muy alto el lenguaje literario — o a pupila o pupilo de la señorita Adosinda — más exigente con que le contaras cuándo pero sin necesidad de adornos — venía a ser, en líneas generales y en espera de que nos trajesen la de la cochiquera que había sido del Rosado de las de Calzada (al que, por cierto, rendían ellas, las de Calzada, emocionado homenaje a la hora de merendar en tanto que los demás nos teníamos que conformar con mortadela), la raya en el suelo hecha con tiza verde (siempre verde) y que iba desde el perchero del que se colgaban los arneses hasta justo debajo de la bombilla fundida que no había que confundir con la de tiza roja (siempre roja) y podía ir en cualquier parte con tal de que diera (una vez abierta, con su picaporte y todo porque, así como Adosinda no, Estefanía sí que cuidaba mucho los detalles cuando le tocaba hacer la suplencia que era por lo general los martes) acceso al mirador acristalado del tercer piso desde el que, a la caída de la tarde, se podían contemplar unas puestas de sol maravillosas que según ella, Estefanía, tenían que ser al estilo de las acuarelas de Turner mientras que para don Cliptemestro (que no necesitó nunca suplente porque tenía una salud de hierro y era muy cumplidor) y para Adosinda podía servir, sin mayor problema, cualquier otra aunque no fuese de alguien famoso y tuviera incluso alguna mancha que no viniese al caso y ya imposible de arreglar — que todo el mundo sabe lo difícil que es la acuarela — pero, “por favor” decían, porque esas cosas sí que los ponían a los dos frenéticos, con las comas y los puntos en su sitio y, sobre todo, sin unas faltas de ortografía que Estefanía, sin embargo, pasaba por alto, porque los detalles sí, los detalles sí pero dando siempre margen a la imaginación que, libre o inconsciente, podía y por qué no, tomarse la licencia de interpretar por nubecilla, o globo aerostático o incluso avión, lo que para cualquiera de los otros habría sido un borrón “porque ― don Cliptemestro sobre todo ― a ver si aprendemos a utilizar la estilográfica”, mucho más elegante, según él, que “ese invento tan moderno del señor Biró”.
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2405057885095
Por poner por caso
05/05/2024
Adosinda Agudo
http://valentina-lujan.es/alicia/porponer.pdf y aunque el “caso” en cuestión me resulte tan poquito excitante porque para ser sincero “a ti te gustaría, ¿a que sí?” ― dice ― algo de más emoción, algo con riesgo, algo que pusiera de manifiesto mis dotes o habilidades para algo grande. Pero, entendiendo que ― en nombre de eso mismo que, según veníamos de decir (no haría si es que a él no le fallaba la memoria más de dos o tres semanas), en líneas generales admitiría sin ofrecer excesiva resistencia el calificativo de “principios” ― más valía andarse con tiento y empezar sin demasiadas pretensiones y despacito, se hacía cargo perfectamente de cuál pudiera estar siendo mi punto de vista y aplaudía mi admirable modestia asumiendo la humilde condición de hombrecillo gris mal trajeado y harto de judías con chorizo que, pudiendo haber llegado a ministro, se contentaba aunque fuese profundamente entristecido con ser un escritor mediocre aunque, me ofreció, si prefería ser alguna otra cosa… – No ― le contesté echando con disimulo una ojeada a mi traje de corte impecable y a los gemelos que me regaló mi tía, no la del periquito sino mi tía Luisa; que en los puños de la camisa color azul claro quedaban muy bonitos ―; escritor mediocre puede estar, para una primera toma de contacto con un mundo tan distinto del mío, bastante bien. – Ya, pero ― replicó ― tampoco es del todo imprescindible quedarse con lo primero que el destino depara y si, ahora que estamos dando apenas los primeros pasos, tú crees que… –No creo nada, de verdad ― le aseguré ―; y si bien es cierto que hubo un tiempo, cuando era niño, que quería ser esto o lo otro, a día de hoy ser escritor mediocre colma, podría decirse, mis aspiraciones… – ¿Estás seguro? – Sí. – ¿Del todo? – Sí. De veras…
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2405057882933
Porque la intención había sido en un primer momento esa
05/05/2024
El alcalde
https://valentina-lujan.es/P/porquelainten.pdf Porque la intención había sido en un primer momento esa, la de continuar ; La de continuar lo que con tanta ilusión había empezado — y que tú con tus propios ojos tienes sin duda que haber visto con su título y mi nombre y que fueron, por cierto, enormemente laboriosos porque yo mismo lo había hecho todo, con mis propias manos, que aunque reconozco que no quedó muy bien porque tuve que utilizar la foto (que también hice yo) de otro libro que se llamaba 49 respuestas a la aventura del pensamiento que luego escaneé y le hice yo los arreglos con el paint y mil apuros que si quieres que te diga la verdad me dejaron bastante contento porque mira el original aquí y no podrás negarme que de lo que es propiamente la foto apenas desmerecen pero el nombre y el título míos sí que se ven, que eso no te lo voy a negar, un poco raros — pero, cuando ya lo tenía terminado y listo para no tener que hacer más que irlo rellenando página por página, que eso ya era fácil, me enteré de que existía otro chupaplumas que se me había adelantado, el muy cretino, bajo la alegación de que lo hacía a instancias de mi amigo el escritor, que le había pedido que le hiciera de negro. Así que lo puse en conocimiento de mi amigo y le dije “no continuaré”, y se lo juré. Y ese es el motivo por el que escribí, en rojo para al verlo acordarme de que lo había jurado, ese “no continuará” y el ya mencionado juramento que puedes ver más abajo. (No continuará: lo juro)
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2405057880434
¡Vaya chapuza!
05/05/2024
Felipe Ledesma
http://valentina-lujan.es/V/vayachap.pdf – ¿Chapuza? Pregunta Lola, con cara de extrañeza. − ¿A usted no se lo parece? — le pregunto yo. − Bueno, la verdad es que puede que un poquito sí Me he atascado, pero no puedo desechar este archivo porque se pierde el enlace (Continuará)
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2405057878547
Mudo sin, a mi juicio, ninguna necesidad
05/05/2024
Felipe Ledesma
https://valentina-lujan.es/S/sinamijuiciovers.pdf sin, a mi juicio, ninguna necesidad habida cuenta de que el meollo de la cuestión que me llevó aquella tarde a aquella casa estaba a años luz de tener nada, absolutamente nada que ver con la mudez de ningún anciano venerable cuya única misión en mi mundo consistía en enseñarme a hacer barcos, o aviones, o pajaritas de papel. Pero lo era. Lo era y yo no iba a poder, ya en mi despacho del ministerio a la mañana siguiente y por más que buscara entre las explicaciones, dar con la satisfactoria que me eximiera de toda la responsabilidad de que deseaba, con ardor, verme liberado. Intente sí sobre la marcha — y con mi mente y mi voluntad dividida entre un segundo ensayo del cielo y el infierno que quería enderezar a toda costa y el deseo de sentirme inocente — convencerme de que no había habido, en ningún caso y por mi parte, negligencia ni imprevisión ni arrebato; y decirme a mí mismo que semejante peculiaridad del señor Ramírez podía muy bien estar obedeciendo a uno de esos llamados por las gentes piadosas “designios del Altísimo” … – O a algún error de la naturaleza ― le explico ― que lo creó ya en el vientre mismo de su madre con la malformación que lo incapacitase para el habla ¿Comprendes? –Pero tú sabías, en el fondo de tu corazón ― replica, en tono que se me antoja cruel, duro, despiadado ― que aquella característica que hacía al señor Ramírez tan distinto del común de los mortales era obra sola y exclusivamente tuya; y que por más que hurgaras y revolvieses entre las explicaciones posibles no encontrarías ninguna que te dejase contento y con la conciencia tranquila. –¡Hay que fastidiarse! — Me duelo, aunque nada más sobre el papel porque, allí, sobre la marcha, sé que fui bastante más espontaneo y que lo que dije fue joderse — ¡Para darme esos ánimos no valía la pena que accedieses a ayudarme! – Accedí ― no trates de confundirme ni liarme, protesta ― a cancelar una cita muy importante; pero ayudarte ya te advertí que no podría. – ¿Cómo no vas a poder? Lo has hecho cientos de veces. – ¿Ayudarte? – No; ayudarme, no… – ¡Así que ahora va a resultar que en tantos años de amistad no he hecho nunca, jamás, nada por ti! – Tampoco he dicho eso. No seas cínico. – ¿Cínico yo? – Y me mira con los ojos muy abiertos, muy brillantes. – Si: tú. Un cínico que tergiversa mis palabras, y las manipula, y las… – Ah – su mirada, radiante por un momento, se ensombrece –: uno de esos cínicos… – Uno de esos, sí; ¿a qué viene si no ese tu hacerte el tonto; ese no querer darme una pauta, una pista de su porqué? – Bueno – se encoge de hombros, resignado –, creo que se trata de una actitud, una forma de entender y de encarar la vida… – ¿Ves como sí que puedes? – le interrumpo ― ¿Te das cuenta de cómo sí puedes ayudarme si quieres? – ¡Pero si mis nociones de filosofía son muy vagas! – Puede ― admito ―, pero aun así los has sabido encarar. Yo, en cambio… – ¿Encararlos? – Afrontarlos, seguirles la pista… – Soy bastante menos intelectual de lo que tú imaginas; apenas tengo una remota idea de que tienen algo que ver, y de manera creo un tanto indirecta, con Sócrates. – ¿Con Sócrates? – Con uno de sus discípulos. Un tal Antístenes, me parece; pero no vayas a hacerme mucho caso. – Pues me dejas de una pieza. – Pero así son las cosas ― alza los hombros y vuelve a dejarlos caer, con gesto de abatimiento ― ¿Qué te creías? – No; nada en concreto. Pero supuse que… tal vez como miraban la televisión; y aquel repartidor de pizzas… ¿Te acuerdas? – ¿Televisión y pizzas en el siglo cuarto antes de Cristo? –¡Pues por eso! Parecían tan de ahora mismo, con su bufanda, aquella señora; y la otra, la del abanico. Y aquel individuo, Anselmo, con su móvil… – Oye… ¿Estamos ― a ver si es que estoy yo, dice, que hoy no me centro o algo ― hablando, los dos, de los...
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2405047865014
Germán Mancuerna
05/04/2024
Tía viuda de las de Barbadillo
https://valentina-lujan.es/G/germanmancuer.pdf de la tienda de ultramarino… ¡Pero, coño, ¿por qué tiene este pequeño hijoputa que tocarme los grifos?! ¿Alguien sabe el gasto que eso supone corriendo cerca, como él dice, de toda una semana? Y que la chatarrera me perdone, que contra ella no tengo nada, y que si no es propiamente una santa ― aunque cerca le anda, que Dios sabe con qué paciencia y qué agrado, sin nunca una mala cara, cuidó hasta el último día a su suegra o, bueno, la madre dicho con propiedad de la querida, cuando se fueron ella, y Albertito y sus hermanos, a vivir con ellos cuando la hija se largó con un traficante y, la mujer, enferma, y para que los mocosos vivieran por lo menos con su padre y, ella, la chatarrera, como no podía tener hijos, pues… ― el marido muy bien merecido que tuvo que le pusiera los cuernos. Y que nadie me diga “cállate Nicolás”, que si uno hablara…
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2405037860555
Vino a verme al despacho
05/03/2024
Sergio Escalante
http://valentina-lujan.es/A/Vino%20a%20verme.pdf Vino a verme al despacho y entendiendo que el asunto era de gran interés para mí me lo enseñó en su propio móvil. Cuando tuvimos más confianza me contó su triste historia y la trágica muerte, adolescente apenas, de su hijo… (Desarrollar) http.//valentina-lujan.es/V/Vea fals.pdf Y, en un todo mucho más grande: http://valentina-lujan.es/C/Esq%20A.pdf (Esto es lo que encontré en los márgenes del expediente 8549237 G)
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2405037860418
Expediente 8549237 G
05/03/2024
Felipe Ledesma
http://valentina-lujan.es/A/expte.%208549237%20G.pdf que es el que Gutiérrez me trajo aquella mañana al objeto de que pudiera yo hacer ciertas comprobaciones imprescindibles para que se pudiera proceder a un desahucio pero, para mi sorpresa — lo que desde luego no habría ocurrido si se hubiese tratado de una comprobación rutinaria pero, al tratarse de un tema al parecer bastante delicado contra el que ya se habían interpuesto innumerables recursos y el caso, además de estar trayendo cola (véase si no el número de expediente tan antiguo y lo amarillenta que está la hoja), era no poco atípico me alargué, como cosa excepcional, un poco más —, entre los folios tercero y cuarto encontré esto tan inquietante: Yo, ya lo he dicho aunque no me importa repetirlo, no tenía internet en mi móvil de entonces y no podía por tanto ir a los enlaces que figuraban allí anotados pero, a pesar de que Lola se mostraba muy distante desde el percance de los cuadraditos y las flechas y apenas me dirigía la palabra — ya aquella misma mañana, bueno, a medio día, cuando llegué me encontré en la puerta de la nevera uno de esos papelitos amarillos adhesivos que, en esa letra tan elegante llamada “inglesa”, rezaba sin ambages ni condolencias — me hice una fotocopia para enseñársela y pedirle que por favor fuese a aquellos enlaces insertados en un texto que me recordaba (y eso era lo sorprendente) tan vivamente, excepto por la diferencia de que entre nosotros no existía confianza, lo que yo mismo (aunque en mi caso ya desarrollado y en mi Bookman Old Style negrita azul oscuro de siempre) escribiese en referencia a la visita de ella.
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2405037858309
Sin acertar, por ciero y de un humor horrible...
05/03/2024
Felipe Ledesma
http://valentina-lujan.es/R/y de un humor horrible vers.pdf y de un humor horrible ― me sentí inclinado a imaginar a la vista de cómo entraba por la puerta sin besar a los niños, ni decir buenas tardes, y dando sí un portazo con los cabellos chorreantes y gruñendo “¡asco de lluvia¡” ―, a reconocer ni la estancia que debería serle tan familiar como la palma de su mano o como el par de adorables querubines a los que miró con extrañeza preguntado, dejándose caer sobre una silla, “¿y estos niños quiénes son?” para añadir, sin aguardar respuesta, que qué vida tan aperreada le había tocado vivir, y que si no había en aquella casa un poco de café, y “¡qué harta estoy!” y, a mí, que ya me podía ir largando porque detestaba, aborrecía, le daban cien patadas los tipos como yo… Ah… Y que eso del par de adorables querubines ― “entérese cantamañanas cursi del carajo”, gritó ― y una mierda… “¡Pero, hombre, por favor!”. Y que qué se habría creído este imbécil; es decir: yo.  Que habría sido una forma no menos airosa que cualquier otra de terminar pero yo, que siempre he sido un imbécil ― en eso ella tenía toda la razón de este mundo aunque en otras muchas cosas pudiera estar equivocada o por lo menos no poco confusa por culpa, entendí , del conflicto emocional en que se hallaba inmersa por causa de la tormentosa e ilícita relación que mantenía con aquel tipo maduro del traje azul, tan bien plantado ―, me quedé ahí, allí, con cara de tonto delante la puerta cerrada de un golpe y la garganta seca frente a él, que me mira con cara de no comprender porque, fuera por cualesquiera de las diversas variopintas circunstancias aleatorias que pudiéranse por ventura o desventura terciar o por cualquier otra que no acertase yo a prever, la continuación se negó a no discurrir por alguno de los cauces ...
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2405027854298
Por señas y con muy buen criterio
05/02/2024
Felipe Ledesma
http://valentina-lujan.es/R/coluegoexplisramir.pdf por señas y con muy buen criterio aunque en unos términos tan excesivamente técnicos — téngase en cuenta que, y que quizás no se haya mencionado con anterioridad no siendo el anciano el personaje principal del asunto que nos ocupa, el señor Ramírez había sido (o en realidad seguía siendo, claro, aunque ya no ejercía) ingeniero industrial —, como, por poner un par de ejemplos, los que puedan encontrarse en Bill of Materials o Análisis de Pareto que el chico se declaró incapaz de traducir y hubimos de recurrir a las páginas amarillas de la guía telefónica para buscar un traductor especializado que resultó ser, una vez localizado al puro azar y sólo porque venía resaltado en un recuadro y negrilla, un antiguo empleado de la inmobiliaria de la que Celedonia fuese, por aquel entonces de sus ya respectivas lejanas juventudes, la propietaria. Era él, el traductor, un joven, muy joven por entonces, aficionado a los idiomas de manera que, tan pronto salía a media tarde del trabajo, acudía a la academia Berlitz, ubicada por aquellos años en la calle del Arenal, donde se instruyó de tal modo y tan a fondo en diversas lenguas extranjeras que luego, ahora según explico tras presentarse pero sin reconocer de momento a su antigua jefa a la que saludo con cortés indiferencia, los amplios conocimientos adquiridos le permitían llevar una vida desahogada trabajando para universidades extranjeras de tanto prestigio como Yale o la Ludwig Maximilian University de Múnich o la Hokkaido (con una rayita sobre la última o) de Japón en la que estuvo, por cierto ( que en su opinión fue enorme desacierto según confesara tiempo después a su confesor que — por cierto, también por cierto y también tiempo después aunque en este caso el clérigo jamás se arrepintió —, tras colgar los hábitos y entendiendo que una vez colgados quedaba él eximido del secreto de confesión, no tardó en, sabedor de la fama y del renombre y del prestigio adquiridos por el antaño mozalbete al que diera la absolución, acudir a contarlo a un programa de televisión de máxima audiencia) en calidad de invitado y, cuando al objeto de homenajearlo lo invitó el director — “no, no del programa”, aclaró la señorita interrumpiendo el dictado, “no del programa sino de la universidad con una rayita sobre la última o; que no atendéis” — a la ceremonia del té, conoció a una geisha de la que, haciendo una nueva pausa la señorita para explicar que se enamoró y rogar al alumnado que hicieran el favor de no olvidar abrir y cerrar tanto los paréntesis como los guiones “porque, con el despiste que os traéis, vaya nadie a enterarse en condiciones de quién ni cuándo ni dónde se enamoró de quién”. Y, como estaba a punto de sonar la campana, cerró el libro y lo guardó en su cajón, y “hasta mañana” y que nadie le viniera, “tan peliculeras que sois las adolescentes”, en kimono y boquita de corazón ni canturreando (aunque fuese por lo bajo) Madame Butterfly. Y, saliendo ya por la puerta, “ah, y las comillas”; las comillas y la ventana que las cerraran bien también.
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2405027851914
Éramos algo apenas pergeñado
05/02/2024
La tía abuela Rosa Julia
http://valentina-lujan.es/E/eramaldesdeno9a.pdf apenas pergeñado aunque no menos – si nos poníamos en plan cursi – de lo que lo estaría cualquier otro tipo de empresa en la que para dar los primeros pasos no se contara más que con un puñado de ilusiones, una razonable dosis de esperanza y muchísimos arrestos pero sí – y bastante más si se era lo suficientemente hábil para no sucumbir a la cursilería o lo sensato en la medida conveniente para tirar las armas y mostrando en alto las manos vacías rendirse sin lucha con tal de sobrevivir – que cualquier otra clase de sociedad limitada, cercada, o acorralada o asediada podría estarlo frente a no importa qué otro modelo de amenaza más sutil o encubierta que la que para los intereses de algunos y de algunas obstinados en no querer admitir que no se era ya ni sombra de lo que se había sido supondría ― como mucho y sólo en caso de que las propuestas de Albertina prosperasen ― el transformar la sala de baile del piso de arriba en habitación de Gasparín, tan pequeña que “en cuatro días; y si no, al tiempo” iba a resultar insuficiente para albergar qué menos que un despacho, un archivo, y un almacén para las existencias o, si el negocio iba mal y había que recurrir a calidades inferiores, mercancías.
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