Salíamos de clase, yo la última cerrando fila para que ninguno de los 25 niños de cuatro años que llevábamos se despistara por el camino o, mejor dicho, en medio de la marabunta. Éramos como estrellas de cine a punto de entrar en la alfombra roja. Al fondo un autobús nos esperaba pero montones de flashes nos cegaban. De pronto, el último niño de la fila se puso a llorar, a llorar de verdad, con sentimiento. Me paré y empezamos a hablar:
-Pero, ¿qué te pasa cariño?
-Es que mi mamá está trabajand
All rights reserved