“«¡Mi primera zarzuela! Creía que no me gustaría porque las tengo asociadas al franquismo y siento un rechazo visceral… Pero, a la espera de tu opinión, anoche disfruté viéndola”». Es el WhatsApp de una amiga entusiasmada, el viernes, tras el estreno de ‘El barberillo de Lavapiés’ en el Palau de les Arts. El mensaje podría haber sido escrito por muchas otras personas, por miles y miles de españoles que también asocian el género lírico español a las décadas de represión, cutres y en blanco y negro, de censura y morcillas contenidas, en los que la dictadura franquista se apoderó de la zarzuela para convertirla en rancio símbolo de una España de pandereta, yugos, flechas y hasta aguilucho”. Esto es lo que se puede leer hoy, en pleno 2021, a un reputado crítico musical que, con motivo de la reposición de una zarzuela compuesta por Francisco Barbieri en 1874, se hace eco de las inquietudes y temores que en particular le transmite una acongojada amiga por el teléfono móvil, extensible en general a miles y miles de melómanos concienciados, según él.
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