Tras sufrir un accidente de tráfico junto a su marido, Silvia despierta en el hospital con una noticia inesperada: está embarazada. A partir de ese momento, su vida continúa con aparente normalidad. Nace Marcos, aprenden a convivir con las rutinas y el desgaste de los años, y el futuro vuelve a parecer un lugar habitable. Más adelante llega un segundo embarazo. Una casa en Montecanal. Las discusiones cotidianas. Las cenas improvisadas. La sensación imperfecta pero sólida de haber construido una familia.
Pero al volver de una revisión ginecológica, otro accidente lo cambia todo.
Cuando Silvia despierta de nuevo, descubre que nada de aquello ha ocurrido jamás.
Han pasado diez años desde el primer accidente. Nunca estuvo embarazada. Nunca nacieron Marcos ni Carolina. Todo ese tiempo ha permanecido en coma mientras Esteban, su marido, la cuidaba sin faltar un solo día. Para los médicos, los recuerdos de esa otra vida no son más que una construcción de su mente dormida. Pero para Silvia fueron reales. Tan reales como el amor que siente por unos hijos que no existen y cuya ausencia le duele como solo puede doler la pérdida de un hijo verdadero.
Mientras intenta reconstruir su vida y aceptar una realidad que siente ajena, Silvia y Esteban aprenden a convivir con el vacío de todo lo que pudo haber sido. Y justo cuando la normalidad empieza a abrirse paso entre las ruinas, Esteban sufre un grave accidente laboral y entra en coma.
Cinco años después, despierta convencido de haber vivido una vida completamente distinta: un pequeño piso en el Parque Goya, un gato callejero llamado Amador y una existencia humilde junto a Silvia, lejos de Montecanal y lejos de cualquier hijo.
Entonces la puerta de la habitación del hospital se abre.
Y dos niños entran llamándolo papá.
La vida que Silvia le contó que soñó durante el coma, es la real.
¿O no?
Una novela sobre el amor, la memoria y las vidas que construimos para sobrevivir. Una historia donde los sueños dejan huellas demasiado profundas para ser solo sueños y donde la realidad quizá no sea un lugar tan estable como creemos.
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