EL CÓDIGO ÉTICO Y MORAL DE CONFUCIO
Se han seleccionado cuidadosamente más de 200 aforismos del sabio y filósofo chino de la antigüedad Kung-Fu-Tsu, más conocido como Confucio, relacionados con uno de los aspectos más importantes de la sociedad actual, la ética y la moral. Decimos importantes porque el acelerado ritmo conque avanzan las fuerzas productivas del mundo globalizado ha dejado muy por detrás a las relaciones productivas capitalistas basadas en la distribución desigual de las riquezas, de acuerdo al papel que juegan los individuos en relación a su rol como dueños o no de los medios de producción. Comoquiera que la posición dominante la tienen los primeros esto implica que estas desigualdades traspasen la barrera económica e incidan directamente en la superestructura social en aspectos básicos como la política, la educación, la ética y la moral. Entre otros
Es precisamente sobre la ética y la moral sobre lo que versa este trabajo tomando como centro las doctrinas de Confucio, independientemente que las mismas fueran enunciadas hace más de 2500 años. Pero es que éstas no han perdido su vigencia por cuanto están centradas precisamente en la formación ética y moral del individuo, mediante la educación para prepararlo para el rol que le corresponda en la sociedad, principalmente a las clases dirigentes o “caballeros” como él los denominaba.
Para nadie es un secreto que los ideales de igualdad y equilibrio social que predicaba este ilustre pensador no se han alcanzado en nuestros días, muy por el contrario, la elevada tensión emanada del desarrollo desigual de las fuerzas productivas con respecto a las relaciones de producción vigentes, alcanza matices aún más dramáticos en el mundo globalizado actual.
El alto desarrollo tecnológico alcanzado por la sociedad y la riqueza de materias primas en el planeta harían posible que todos los individuos tuviesen acceso a los medios básicos necesarios de vida: alimentación, vivienda, educación, salud y acceso al trabajo y la cultura en general. Pero esto lejos de ser así ha tomado proporciones de desigualdad social increíblemente más altas que en cualquier otro régimen histórico-social. Es un hecho que cada vez los ricos son más ricos y los pobres son más pobres y que los primeros derrochan sin miramientos los recursos del planeta y los otros se ven privados de los medios básicos necesarios para subsistir.
No hay por consiguiente ningún argumento ético y moral que justifique esta desigualdad, que toma matices de explotación cruel e inhumana en muchos países del tercer mundo y también entre diferentes sectores de la población en los propios países desarrollados, según el papel que jueguen como propietarios o no de los medios de producción.
A esta realidad hacen oídos sordos las instituciones de gobierno, las organizaciones sociales e incluso las religiosas. Escasamente algunos grupos sociales prestan atención a éstos problemas pero no cuentan con recursos suficientes para brindar una ayuda o solución adecuada a los mismos que por más rebasan con creces sus posibilidades materiales y de ejecución.
Como en la época de Confucio los males que hemos analizado están vigentes sin que la moral y la ética de los ciudadanos que dirigen la sociedad preste atención y emprenda acciones contundentes para su solución. Muy por el contrario, haciendo uso malintencionado de los valores éticos divulgan y prometen acciones con el solo hecho de alcanzar el poder y una vez allí, se desentienden de las promesas a las clases desposeídas y se corrompen apropiándose muchas veces de los recursos y riquezas públicas que están bajo su custodia.
Y si las instituciones públicas no son capaces de abordar los acuciantes problemas de la sociedad practicando una doble moral de conducta, es necesario entonces volver a la carga con aquellos viejos pensadores que como Confucio no descansaron mientras vivieron en divulgar doctrinas de igualdad y derechos sociales para todas las personas independientemente de su estrato social o nivel de riqueza.
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