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09/01/2010
Hoy es una de esas tardes pequeñitas.
Donde deseo no pensar, no sentir y apenas existir.
Solo ser este latido, débil, cobijado en el calor sincero que irradian tus manos desnudas.
Sin palabras, sin voz, sin fuerza ni argumentos. Solo un latido. O dos. Únicamente, revivo aquello dicho cuando no hubo corazas, muros ni barreras, pues es lo que merece la pena. Y mientras avanza, dejo atrás el momento perdido, el recuerdo inservible.
El tiempo pasa.
Y… mientras tanto…
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