Es uno de esos ejemplos que me encantan, que demuestran el poder de la red como elemento garante de la libertad: hace quince días, en Boing Boing descubrieron que sus contenidos estaban siendo censurados en numerosos países árabes por considerarse procaces. Pues bien, no ha tardado ni dos semanas en aparecer un lector, Mark Christian, con un diseño capaz de conseguir que incluso desde estos países, los contenidos estén accesibles: un “Boing Boing distribuido“, que permite reelaborar la página...
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