Tenía diez años cuando nació Cristina, hija de su tío y padrino, Titi. Titi se casó tardío y la niña llegó, inesperada, cinco años después. Entretanto se había desvivido por ella, por la ahijada que le convertía en visitante asiduo del hogar de la hermana y del cuñado, en compañero de paseo por los Jardines del Alcázar, en constructor de castillos de arena en la playa de Sanlúcar.
En apariencia las cosas no cambiaron demasiado al nacer Cristina, solo que entonces las visitas tomaron el sentido
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