Buenas tardes tengan vuestras vuecencias.
La semana pasada hablé de un judío que me había encontrado en el mercado, pero también me ocurrió otra cosa que se me pasó por completo comentarles. Y creo que hoy, con un te caliente entre las manos, los braseros bien cargados de carbón encendido y un ajedrez dispuesto, es un buen momento para sacarlo a colación.
La cuestión es que, tras departir con ese pobre hombre, entré en una taberna cercana a la puerta de Damasco, un lugar donde hay mucho mo
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