La implantación de Internet ha supuesto un revulsivo para toda la sociedad, o al menos, para el 43% de la población mundial que goza de acceso a ella. La comunicación, tal y como la conocíamos, ha experimentado una transformación de tamaño calibre, que se ha reformulado completamente, siendo más masiva y versátil. Las oportunidades que muestra son inconmensurables, y nos depara asombrosas ventajas, insólitas hasta la fecha: páginas webs, foros y blogs disfrutan del intercambio en tiempo real de mensajes de texto o voz; conversar a través de las cámaras de ordenador con alguien a miles de kilómetros es también factible; las celebridades del cine, la música o el deporte presentan un perfil público con el que relacionarse con sus seguidores; la gente de a pie expone sus opiniones, cotidianidad e inclusive intimidades al alcance de todos, a través de servicios cuyos nombres –Skype, Facebook, WhatsApp, Instagram, Twitter, etc- son tremendamente familiares por ello; la retransmisión de eventos es viable a cualquier lugar del mundo dotado de esta tecnología; la información transmitida se conserva en caso de que el momento de la emisión no haya sido el apropiado, como una variación vanguardista del contestador telefónico, y se puede recuperar o intercambiar entre diferentes dispositivos…
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