Hay caminos que nos atan, que no nos dan la opción a elegir, que aprietan hasta ahogarte y nos sentimos solitarios en la batalla, e intentamos llorar sin que nos mojen las lágrimas del desespero; pero el sol a veces se esconde entre las nube, y el viento deja de soplar y sentimos nuestra piel mojada cayendo derrotados, y es ahí cuando sabremos de nuestra fortaleza, y es ahí cuando aprenderemos a entender del sufrimiento de los demás.
Qué lástima, que para saber el sabor de las lágrimas tengamos que llorar.
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