Oficina de Detectives propone una mirada absurda sobre las contradicciones de la realidad: un territorio marginal y anacrónico donde el orden nunca termina de imponerse y el caos es la norma. Díaz (37), ex policía colombiano, es un hombre bueno a pesar de ser malhablado y perezoso. Bajista, amante de la cumbia al lado de Fuentes (40) es un chilango analítico, metódico y obsesivo. Le gustan el alcohol y el cine; cuando habla, siempre encuentra una película para explicar el momento. Toca la batería en la banda junto a Díaz y los sábados atiende un puesto en el mercadillo de El Chopo. Los une la cumbia y la esperanza de cruzar “por el hueco” para cumplir el sueño americano.
Una noche, después de tocar, estalla un tiroteo en el bar. En medio del caos, una pistola cae a los pies de Díaz. Suena otro disparo y un narco resulta herido. En la confusión, Toro (70), cliente habitual, señala a Díaz como el “héroe” que disparó. Nadie escucha sus negativas. Por un giro de azar tan absurdo como inevitable, Díaz y Fuentes se convierten en los dueños de una agencia en decadencia por lo sucedido esa noche. La oficina carga un secreto oscuro ligado a la verdadera razón por la cual Toro (el antiguo dueño) se deshizo de ella. Allí conocen a Noel, quien dice ser la secretaria contratada por Toro. En realidad, busca a su hermana, una periodista desaparecida meses atrás mientras investigaba, junto a él. Noel encaja de inmediato en el caos de la oficina. Cuando van a pagar la primera cuota, visitan a Toro y encuentran el lugar revuelto. En un corredor, iluminado por la luz blanca y enfermiza del baño, yace su cadáver. En su boca, Noel descubre un gran fragmento de oreja. Sin proponérselo, ya tienen su primer caso.
A partir de ese momento, son arrastrados a una serie de aventuras quijotescas, absurdas y peligrosas. Los casos que llegan a la oficina parecen menores, pero siempre terminan superándolos. No se resuelven desde la lógica brillante, sino desde la supervivencia, el error, la torpeza y la fuerza del grupo. En paralelo, la banda de cumbia comienza a vivir un éxito inesperado, convirtiéndose en una herramienta perfecta para infiltrarse en los escenarios más insospechados y abriendo un dilema: ¿seguir siendo detectives o dedicarse a la música? Mientras tanto, se revela el verdadero motor de la serie: la herencia que dejó Toro. Un macrocaso que atraviesa toda la temporada y lanza preguntas inevitables: ¿qué pasó con los migrantes desaparecidos?, ¿quién mató a Toro?, ¿dónde está la hermana de Noel?, ¿quiénes vigilan la oficina desde las sombras?
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