Habíamos peleado. No sé por cuántas cosas, ni por cuántos motivos. Cuando desperté ella ya no estaba. Me dejó una nota: “No sé cómo podés dormir, sabiendo que sos un hijo de mil putas”. Encendí un cigarrillo y fui a mear.
Había nubes grises allá arriba, muchas nubes, y llovía ruidosamente. Era un día hermoso reflejado por la ventanilla del baño. Miré abajo, mi amiguito seguía intacto. No había tenido relaciones con Marie desde hacía una semana y ella ya estaba a punto de enloquecer. ¿El probl
All rights reserved