Este confinamiento modifica nuestro estado de ánimo más veces de las deseables porque no podemos hacer cuanto quisiéramos. Nos gustaría salir, ver a nuestras amistades, pasear, dar clases presenciales, movernos con normalidad…, pero no podemos. Respetamos las directrices gubernamentales y procuramos «gastar» las horas de encierro en hacer cuanto nos apetece. Ya que no podemos pisar la calle, hagamos aquello que nos entretenga y nos evada de la manera más agradable de los relojes.
Y aquí entra l
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