... Allí estaba ella, sentada, con la mirada dispersa hacia adentro e inevitablemente, con sus uñas hacia afuera…
Deseaba guardarme una imagen viva de esta preciosa gata y, sin más, empecé a escribirle. Mis manos iban solas, y, en aquellos momentos, tuve una desconocida pero muy agradable sensación. Mi corazón y mi mente transcribían en orden todos mis sentimientos con tal naturalidad que, cuando acabé, reconozco que, pese a este futuro adiós, me quedé muy tranquila, muy feliz.
Descubrí entonces cuál era la mejor manera de desahogarme. Con veintiún años he de admitir que mi vida no era precisamente un jardín de rosas y necesitaba despojarme, confesarme de todo lo que guardaba en el interior de esta caja de Pandora para verme a mí misma en mi propio espejo. Por esta razón, la poesía se convirtió en mi segundo yo y, paradójicamente, en el verdadero. En él descargaba toda mi ira, mi rabia, mis inseguridades, mi dolor, mi miedo…, mi poca autoestima.
Este es mi primer libro y en él están prácticamente todos los poemas de mi juventud desglosados en sus diferentes etapas
Si escribir en un principio fue mi consuelo, hoy se ha convertido en mi pasión, en un adjunto a mí, en mi primer yo, aunque esta vez, sumergido en nosotros y..., en Vosotros.
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