Lunes. Armando Martínez ficha la entrada a las siete y veinticuatro, saca el teléfono móvil y adelanta el despertador seis minutos, mañana no regalará tiempo a la empresa. El anticipo supone que la planta esté aún a oscuras, así que espera al encargado de encender las luces. A las siete y media en punto el reloj de marcaje comienza a sonar acumulando un total de treinta y cinco pitidos. El primero en llegar junto a Armando Martínez es el jefe de unidad, Pedro Rizado, encargado de dirigir el equi
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