Prometió que volvería en primavera. Han florecido las violetas, han pasado las grullas y la constelación de Leo ruge por la noche. Cada ruido inesperado me lleva a la ventana, por si es él. Pero la puerta no se abre y sigo con mis cosas, canturreando porque falta un día menos para su regreso. Allí hace frío, me digo, y quizás eso le retrasa porque puede que para él todavía sea invierno. Cómo voy a correr con el regalo que me traerá, unas zapatillas de verdad, como las de Ronaldo. Con ellas nadie
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