El viejo Eduard acude todas las mañanas a la estación de metro de Guzmán el Bueno para tocar su violín. La música es su gran tesoro y cualquiera que escuche tocar al anciano se queda prendado al instante. Sin embargo, lo que motiva a Eduard es un pequeño secreto tan bello como la melodía del violín y pronto, descubrirá otro aún más inesperado.
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