En una ciudad sombra, que antaño fue de cristal, los restos de las construcciones fluctuaban. Porque todavía eran materiales, aunque sea un poco.
Allí, los esqueletos envueltos en pieles y carnes transparentes, con líquidos y órganos oscuros en su interior, miraban una esfera de cristal rota, fantasmal, que escupía niebla.
Y en el centro de ese sol de humo blanco estaba Lucio, durmiendo en su cama.
Desplegando sus alas transparentes, llegarán desde la urbe de eterna noche, colándose entre los
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